¿Que si la amé?…¿ que si la amo?…cómo amarla si se dejó vencer por el olvido,  si me enseñó todo lo que debía y no lo que deseaba, como puedo amarla cuando me encuentro en sus fantasmas abatidos,  aferrada al pasado,  temblorosa  y paralizada.

Nadie me enseñó a amarla, tampoco a matarla, aunque  tuve que hacerlo para salvarme. A medida que moría físicamente,  la maté en mí. Tampoco nadie me enseñó a arrojarla al viento.  Y ahora que difinitivamente no habita en mi ser la extraño. Extraño sus ansias de querer ser y no saber cómo. No extraño sus rigideces, ni sus caras agrias, ni sus manipulaciones, mas bien añoro los destellos de sus ojos frente a los niños muy pequeños, o frente a las flores rojas, que eran su debilidad. Y en esta sociedad de cifras estériles yo necesito su útero. Ahora que me despojé de sus prejuicios la extraño.  Desde mi vacío escribo. También escribí para matarla. Mas bien porque escribí  es que pude matarla. También escribiendo es que maté a los hombres de mi vida…en el fondo en ellos también estaba mi madre. La busqué con desespero, no pude hallarla. Al final me encontré a mí….despojada  e insumisa.

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