Despierta y a deshora
a pesar del sueño
esquivando la llovizna.
De paso y camino
zurcida por el tiempo,
enmarañada entre el día y la noche,
desarraigada en un balcón que sueña con jazmines,
arrinconada y en pausa, desvelada y sin testigos

Abajo las veredas puestas al sol tibio de la madrugada
Y aquí
sin adentro ni afuera
sin antes ni después
sin hamaca, ni faro, ni ley
Después de todo
si se me olvida atardecer
recordaré haber sido
para ya no ser

Sandra Defrancesco

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